Una K que hace las veces de X, de la que no se sabe si es el principio de un nombre normal, aunque clandestino, o el último vestigio de un nombre extinto, imposible de reconstituir. […] Finalmente sólo deja subsistir al hombre reducido a una simple expresión, al hombre verdaderamente sin atributos en quien ya no sobrevive si no el último núcleo de lo humano. Marthe Robert, Franz Kafka o la soledad. La K de ValleKas.